El aire que España necesita respirar
Columna escrita para la asignatura Géneros Periodísticos (2019).
Se respira un aire de incertidumbre ante estas nuevas elecciones. Y en Granada, un aire frío y típico del otoño. A media mañana, y en unos 15 minutos, apenas entran unas 20 personas a votar en el Colegio San Isidoro. El centro se asemeja al Valle de los Caídos: un gran espacio eclipsado por el gran edificio principal de la escuela. La falta de motivación por salir y ejercer el derecho al voto se nota. El pueblo español está cansado de acudir a las urnas.
Belén ofrece una combinación de ropa algo extraña: con sus gafas de sol ocultando sus ojos, procede a colocarse unos guantes. Lo mismo está grabando una nueva película de James Bond, pero ella acaba de votar. “Creo que no va a ganar nadie. Va a salir más o menos lo mismo”, confiesa. No confía en el pueblo español. No menciona Cataluña ni la corrupción a la hora de citar los problemas del país. “El principal problema es el paro que hay entre jóvenes”, afirma. Añade que sus amigos tienen hijos que son ingenieros, pero “están trabajando en el McDonald’s” y que es algo que le parece “alucinante”. Lanza críticas hacia Ciudadanos y cree que será el partido más perjudicado. “Se han colocado en una situación que no entendía nadie”. Espera que los partidos lleguen a un acuerdo para formar gobierno y que sea “factible”.
Ignacio, con sus patillas a la altura de sus labios, opina igual que la próxima 007. “El perdedor que va a salir más perjudicado es Albert Rivera”. Al parecer, la maniobra de Rivera con el perro no surte efecto y no le separa de su obsesión con Cataluña. Tanto Ignacio como Lucía, su esposa, no tienen claro si habrá un nuevo bloqueo. “No sabemos, pero creo que tienen que formar gobierno como sea porque ya son cuatro elecciones”, declara el clon de Juan José Padilla. “¿Que el PSOE va a sacar más que los demás?”, se pregunta. “Sí, pero que no va a ser por mayoría para poder gobernar como Pedro Sánchez quiere. Eso no puede ser”. Lucía insiste en que “tiene que ser con pactos” y que ella “lo ve así”. Esto es un claro ejemplo de que el bipartidismo español se muere. Sánchez y Casado mantendrán la tenacidad, indudablemente.
Cristina no tiene tiempo que perder. Su perro, similar al de Rivera, se mueve sin cesar y ansia salir del patio. Ella lo tiene claro: va a ganar el PSOE, habrá un nuevo bloqueo político y cree que “la respuesta es Ciudadanos”, aunque quizás no se da cuenta de que la caja de Pandora que viene siendo el bloqueo es difícil de abrir. No cambia su voto respecto a abril y las encuestas no le inmutan. Mantiene la confianza. Pero Rivera no es Pandora. Quizás lo sea Arrimadas.
Del colegio salen cogidos de la mano Francisco y Juana, escépticos ante el panorama político. Ambos tienen claro que Vox será el partido que más se beneficiará. “Creo que la gente está muy harta y entonces Vox es la última gota”, asegura Juana a la vez que se abrocha el chaquetón. Francisco, mientras se limpia las gafas, se muestra muy crítico hacia las encuestas. “Las encuestas del CIS no son de fiar. Aunque sí fue el único que acertó en abril”, admite mientras se coloca las gafas de nuevo. Juana refuerza este punto de vista y dice que las encuestas son para la gente “manipulable”. Lo mismo deberían eliminar las encuestas del todo. O eliminar la supuesta manipulación. Este es el aire que se respira en Granada. Y el mismo aire se respira en España.